NUESTRA HISTORIA HASTA AQUÍ
Una Lucha por la Dignidad:
El Ascenso Global de los Funcionarios Locales de Brasil
¡A principios de 2011, algo finalmente se rompió! Los empleados contratados locales (CL) del Gobierno brasileño en embajadas y consulados de todo el mundo llevaban acumulando décadas de bajos salarios, trato injusto y negligencia por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty). El coste de vida aumentaba rápidamente, pero los salarios apenas se reajustaban. Aún peor: se envió una respuesta fría a todas las misiones diplomáticas: “No pidan aumento. No hay presupuesto”.
Pero, para los empleados contratados locales, aquella no era solo una cuestión salarial, era una cuestión de dignidad, justicia y respeto básico.
Un empleado (CL número 1) hizo una llamada a otra misión diplomática solo para comparar cómo estaban las cosas. La frustración era general. Surgió entonces una idea audaz: ¿por qué no escribir directamente a la entonces Presidenta Dilma Rousseff? Ella sería la única en posición (y posiblemente con voluntad) de cambiar nuestra realidad. Coincidentemente, otro empleado (CL número 2) ya había comenzado una carta en ese sentido. El CL número 1 ofreció ayuda para finalizarla.
No se detuvieron ahí. Un tercer colega (CL número 3) involucró a otras misiones diplomáticas. Unos reunieron firmas, otros construyeron impulso entre los equipos de todo el mundo. Mientras tanto, el CL número 1 refinó la carta con el apoyo de politólogos en Brasil, incluyendo datos económicos recibidos de aliados en EE. UU. y Europa.
Poco después, casi todas las representaciones brasileiras habían firmado la carta. Solo Chicago, Washington y la misión en la ONU aún no habían respondido.
Por primera vez, los empleados contratados locales (CL) del Gobierno brasileño de todas las partes del globo estaban unidos, organizados y hablando con una sola voz.
¿Nuestra misión conjunta? Justicia, reconocimiento y cambio.
Ese fue el punto de inflexión. Elegimos hacer una declaración poderosa y visual.
En un día de julio de aquel mismo año, la mayoría de los CL de todo el mundo vistió de negro, un acto silencioso, pero implacable de solidaridad. Fotografías en grupo, delante de embajadas y edificios oficiales, mostraron filas de rostros decididos, unidos en dignidad y determinación. Esas imágenes, divulgadas online poco después del envío de la carta dirigida a la Presidenta Dilma, transformaron nuestras palabras escritas en testimonio vivo. Las fotos dieron alma a la manifestación, rostros humanos que hablaban por sí solos, imposibles de ignorar o silenciar.
Fue, en todos los aspectos, un acto simbólico de resistencia: calculado, valiente y profundamente resonante con la trayectoria y el legado de la Presidenta Dilma Rousseff. En los turbulentos años 60, bajo el dominio de la dictadura militar, las resistencias surgieron con la convicción de que solo la firme oposición podría restaurar la justicia.
Entre ellos, una joven Dilma destinada a convertirse en una figura prominente en aquella lucha. Capturada en 1970, sufrió tortura y fue condenada a cuatro años de prisión. El día de su juicio, una foto icónica capturó a Dilma, inquebrantable, cabeza erguida, delante de dos militares que no osaron mostrar los rostros. Décadas después, durante su mandato como Presidenta, nosotros estuvimos visibles y firmes, y nuestras fotos, haciéndose eco de la suya, llevaban una esperanza: de que la justicia al fin tal vez prevaleciera.
Durante años, el gobierno se benefició de la dificultad de comunicación entre los CL, manteniéndonos aislados por la estrategia de la división y del silencio.
La mayoría aún temía represalias, hasta que Antonio Carlos di Gaspero, ex-CL que conocía el riesgo de cerca, asumió brevemente como rostro público de nuestro movimiento. Desvinculado de la función, podía actuar sin riesgos de despido o represalias. Mientras él lideraba temporalmente, ofreció protección a los que aún estaban en los puestos. Su coraje encendió nuestro deseo por el cambio: el silencio ya no era una opción.
El auge de Internet comenzó a derribar barreras antiguas. Con la ampliación de la estabilidad y accesibilidad de las videoconferencias, finalmente pudimos vernos, oírnos y conectarnos como personas en todos los continentes. La comunicación se volvió humana, auténtica y la confianza, innegable. Por primera vez, los miembros podían hablar entre sí con eficacia, fortaleciendo la cohesión del movimiento.
En ese nuevo contexto, promovemos nuestra primera elección global online, realizada en un único fin de semana. Colegas de todo el mundo votaron para elegir Direcciones, Presidente y Vicepresidente, todos en ejercicio. Insertados en el propio sistema que buscábamos transformar, el movimiento pasó a caminar con legitimidad, unidad y autoridad.
Por primera vez, los empleados contratados locales (CL), antes marginados e invisibles, constituyeron un movimiento organizado con visibilidad y voz que no podía seguir siendo ignorado. Una barrera histórica fue derribada. La espina dorsal, silenciosa de la diplomacia brasileña, finalmente emergió a la luz.
De aquel momento histórico de coraje y unión, algo poderoso nació: la AFLEX – sigla para Asociación de Funcionarios Locales en el EXterior. La primera asociación internacional creada para representarnos, los empleados contratados locales (CL) del Gobierno brasileño.
A pesar de la esperanza, éramos conscientes de que conquistar justicia, equidad y cambios no estaría exento de desafíos.
Nuestra creencia en la justicia y la fe de que una carta formal dirigida a la entonces Presidenta Dilma Rousseff sería suficiente para motivar una acción justa, se hizo cada vez más claro para nosotros con el pasar de los días y de los muchos meses, que nuestra carta y preocupaciones fueron estratégica y convenientemente ignoradas y no respondidas. Tal vez nuestra carta ni siquiera haya llegado a sus manos.
Con el mundo volcado hacia Brasil durante la Copa de 2014 y las Olimpiadas de 2016, reconocimos una oportunidad única para hacer que nuestras voces fueran imposibles de ignorar.
Con coraje nacido de la injusticia, servidores de todo el globo se prepararon para un nuevo acto visible. Anunciamos una huelga de dos días antes de la Copa, aprovechando la atención global a los eventos para dar visibilidad a nuestras condiciones precarias.
En la ocasión, ganamos atención nacional e internacional. La AFLEX lideró públicamente la causa de miles, incluso The New York Times destacó con preocupación que nuestros conflictos laborales afectarían la experiencia turística en la Copa. Lo que comenzó como frustración se transformó en resistencia colectiva.
Pero la valiente decisión de presentarse como representantes visibles de los CL, combinada con el audaz acto de una paralización global coordinada de dos días, tuvo un coste muy alto.
En aquel período, la presidenta de la AFLEX era Claudia Siano Rajecki, en la época CL trabajando en Atlanta, EE. UU. (hoy ex-CL). Con el apoyo presencial del Vicepresidente y de la Abogada de la Asociación, ella fue a Brasilia a prestar declaración al Senado sobre acoso en el servicio público. La audiencia, transmitida globalmente, permitió que colegas en todo el mundo se sintieran parte de aquel momento.
Habían sido invitados por el Senador Paulo Paim y hablaron en nombre de todos los CL, determinados a decir la verdad. Al hacer eso, sabían que estaban entrando en un territorio peligroso. Ese riesgo se hizo evidente al dejar el auditorio al final de la sesión, cuando fueron abucheados por funcionarios del Itamaraty destinados en Brasilia.
Esos servidores públicos, al contrario de los CL, ya disfrutaban de plenos derechos laborales y de una progresión de carrera bien definida en Brasil. También se beneficiaban de designaciones para el exterior, con privilegios como vivienda gratuita, asistencia médica completa, apoyo a la mudanza y valiosa experiencia internacional. Muchos temían que la voz creciente de la AFLEX pudiera amenazar o reducir sus propias posibilidades de ser enviados al exterior. Cuando Cláudia y su equipo salieron, la hostilidad era evidente: voces gritaban “Vuelvan a donde vinieron” y “Ustedes solo quieren lo mejor de los dos mundos”.
En seguida, el propio Ministerio de Relaciones Exteriores también respondió de forma rápida y contundente. Una serie de medidas represivas fue implementada dentro de las Embajadas y Consulados en el exterior, lejos de los ojos del público brasileño y fuera del alcance de mecanismos consistentes de fiscalización o responsabilización.
Los castigos llegaron rápidamente para aquellos que tuvieron la valentía de manifestarse y contar sus historias. En muchos casos, los Contratados Locales (CL) se enfrentaron a despidos por represalias, a la no renovación abrupta de contratos o fueron estratégicamente aislados de sus colegas.
Algunos fueron sometidos a intimidación y amenazas veladas, mientras que otros se enfrentaron a nuevos obstáculos administrativos, deliberadamente creados para disuadir acciones colectivas.
Se utilizaron tácticas de “divide y vencerás” para quebrar la solidaridad; se emplearon beneficios selectivos para silenciar. En algunas representaciones, cláusulas contractuales o presión verbal frenaban a quienes buscaban apoyo externo o la exposición pública.
Estos esfuerzos coordinados no fueron errores aislados, sino intentos deliberados de suprimir un llamamiento legítimo por justicia y dignidad, silenciando a aquellos que osaron exigir responsabilidad y cambio.
¿Y qué ocurrió después de esto?
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